*Atención: esta
entrada contiene spoilers sobre la cuarta temporada de 'True blood'. Si no la has
visto y no quieres que te revele cosas de la trama, casi mejor que te esperes
al post del lunes (de buen rollo, ¿eh?)*
Ya he vuelto. Por si
alguien no me sigue en Twitter o no es mi súperamigo en Facebook, he estado de
baja estas últimas dos semanas. Nada grave (si no ahora estaría agonizando en
una cuneta o algo por el estilo y por suerte no es el caso) pero he estado diez
días metido en mi santa casa. Y si hay algo por lo que se caracteriza estar en
casa de baja es porque te pasas el día delante de la tele en estado
precomatoso.
Y para
sobrellevarlo, me enchufé True blood. En vena. Hace cosa de un par de meses
empecé a ver la tercera temporada de mi serie favorita de las que actualmente
se emiten, pero por falta de tiempo lo dejé en el capítulo seis. ¿Resultado?
Estos días me he zampado los capítulos restantes de la tercera y todos los de la cuarta. Eso son como
dieciocho episodios a razón de hora por capítulo y confirmo que no he quedado
demasiado tocado psicológicamente. Al menos no demasiado.



